sábado 17 octubre 2026 - 19:44
La dignidad de la mujer en el Corán: del rescate de las injusticias históricas a la igualdad espiritual

El trato de las comunidades incivilizadas hacia las mujeres se asemejaba al trato hacia los animales. La mujer era comprada a su padre, a su esposo o a su hijo; se la vendía, se la alquilaba, se la regalaba o se la prestaba para la procreación, para el servicio o simplemente para el placer. En épocas de hambruna o festividades, llegaban a matarla para consumir su carne, y en ocasiones la abandonaban en el desierto sin alimentos, como a las bestias inútiles, hasta que pereciera».

Según  la agencia de noticias Hawzah, través de sus preceptos y aleyas luminosas, el Sagrado Corán rompió las cadenas de las tradiciones opresivas preislámicas, garantizando la independencia, los derechos y la plena dignidad moral y espiritual de la mujer frente a los abusos históricos de diversas civilizaciones.


En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso

«وَالَّذِینَ یُتَوَفَّوْنَ مِنْکُمْ وَیَذَرُونَ أَزْوَاجاً یَتَرَبَّصْنَ بِأَنفُسِهِنَّ أَرْبَعَةَ أَشْهُرٍ وَعَشْراً فَإِذَا بَلَغْنَ أَجَلَهُنَّ فَلاَ جُنَاحَ عَلَیْکُمْ فِیمَا فَعَلْنَ فِی أَنفُسِهِنَّ بِالْمَعْرُوفِ وَاللهُ بِمَا تَعْمَلُونَ خَبِیرٌ»

«Y las esposas de quienes fallezcan deberían esperar cuatro meses y diez días; y cuando completen su plazo, no cometéis falta alguna por lo que ellas hagan consigo mismas, conforme a lo establecido. Y Dios está bien informado de lo que hacéis». (Sura Al-Baqara, 2:234)

Introducción: Las costumbres que oprimieron a la mujer en la historia

A lo largo de la historia de diversas civilizaciones, la mujer fue despojada de sus derechos más elementales y sometida a prácticas degradantes. Al respecto, el eminente sabio Allameh Tabatabaí señala:

«El trato de las comunidades incivilizadas hacia las mujeres se asemejaba al trato hacia los animales. La mujer era comprada a su padre, a su esposo o a su hijo; se la vendía, se la alquilaba, se la regalaba o se la prestaba para la procreación, para el servicio o simplemente para el placer. En épocas de hambruna o festividades, llegaban a matarla para consumir su carne, y en ocasiones la abandonaban en el desierto sin alimentos, como a las bestias inútiles, hasta que pereciera».

Tanto los árabes como otros pueblos en la época de la ignorancia (yahiliyyah) consideraban que los hombres de la familia gozaban de una tutela absoluta sobre hijas, hermanas e incluso madres al momento de concertar matrimonios, negándoles toda capacidad de decisión propia. Dicha potestad correspondía de forma exclusiva al padre, al hermano o al tío paterno, quienes las casaban a su arbitrio. Esta práctica llegó al extremo de comprometer a niñas antes de nacer, confiriendo a los pretendientes el derecho de llevárselas una vez alcanzada la crianza.

Notas aclaratorias sobre la aleya 234 de Sura Al-Baqara

La aleya mencionada aborda una de las situaciones más complejas que históricamente enfrentaron las viudas: su destino tras la muerte del cónyuge. Mientras en algunas sociedades se les impedía rehacer su vida, confinándolas a una existencia marginal —e incluso en ciertas civilizaciones se llegaba al salvajismo de incinerarlas o sepultarlas junto al cadáver marital—, en otras no existía consideración de plazo alguno, provocando conflictos familiares y serias incertidumbres sobre la filiación paterna ante eventuales embarazos inmediatos.

El Sagrado Corán estableció un período de espera (iddah) de cuatro meses y diez días, resolviendo estas problemáticas mediante un marco equilibrado de justicia y respeto mutuo.

El noble Islam abolió de raíz los hábitos supersticiosos y los tratos inhumanos que recaían sobre las viudas, a quienes en épocas remotas se les forzaba a habitar tiendas estrechas y oscuras junto a la sepultura de sus esposos, privándolas de aseo y ropa digna, o condenándolas a un duelo perpetuo. Conviene destacar que este período no se limita a confirmar la ausencia de gravidez, sino que constituye una manifestación de respeto hacia la memoria del difunto; dicho término inicia a partir del momento en que la mujer toma conocimiento oficial del fallecimiento, aun si este hubiese ocurrido con anterioridad.

El derecho inalienable de la mujer a decidir su destino

Antaño, influenciados por costumbres arcaicas, los familiares solían impedir que la viuda contrajera nuevas nupcias. La aleya coránica refuta de manera tajante dicha injerencia y subraya que, una vez cumplido el plazo legal, la decisión corresponde exclusivamente a ella con plena libertad y dignidad, quedando prohibida cualquier coacción familiar ajena a los límites del decoro moral.

La dignidad de la mujer en el texto coránico

El Sagrado Corán expone de forma reiterada la alta jerarquía y valor del género femenino. Entre sus principios rectores destacan:

1. Plena igualdad espiritual y de méritos

Dios Altísimo afirma en el Sagrado Corán:

«Dios les tiene reservado Su perdón y una gran recompensa a los musulmanes y las musulmanas, a los creyentes y las creyentes, a los piadosos y las piadosas, a los justos y las justas, a los pacientes y las pacientes, a los humildes y las humildes, a los caritativos y las caritativas, a los ayunantes y las ayunantes, a los pudorosos y las pudorosas, y a los que recuerdan frecuentemente a Dios y a las que Lo recuerdan con frecuencia». (Sura Al-Ahzab, 33:35)

Exégetas de las escuelas shií y suní coinciden en que, ante la inquietud formulada en su momento por Umm Salama acerca del alcance de las bendiciones divinas para ambos géneros, Dios reveló esta aleya para confirmar que el hombre y la mujer gozan de paridad absoluta en la escala de recompensa espiritual ante Su presencia. Si bien el orden biológico y social contempla funciones particulares para el adecuado desenvolvimiento de la vida humana, los derechos inherentes y la dignidad espiritual son equivalentes.

2. La fe y la rectitud como única medida

En otro pasaje revelado leemos:

«Al creyente que obre rectamente, sea varón o mujer, le concederé una vida buena y le multiplicaré la recompensa de sus buenas obras». (Sura An-Nahl, 16:97)

La vida pura y virtuosa no está condicionada por diferencias de género, rango o linaje. El criterio determinante ante el Creador radica exclusivamente en la fe y la práctica de las buenas acciones, ratificando que el mensaje del Islam trasciende todo esquema machista o discriminatorio.

3. Una misma esencia humana

Asimismo, el Sagrado Corán proclama:

«¡Oh, seres humanos! Los he creado a partir de un hombre y de una mujer, y los congregué en pueblos y tribus para que se reconozcan los unos a los otros. El más noble de ustedes ante Dios es el más piadoso. En verdad Dios todo lo sabe y está bien informado». (Sura Al-Huyurat, 49:13)

La revelación divina coloca a hombres y mujeres sobre una misma plataforma de origen ontológico y moral, descartando cualquier prerrogativa mundana y estableciendo la piedad (taqwa) como el único parámetro legítimo de distinción. Ambos comparten, en esencia y propósito, la misma naturaleza humana.


Fuentes consultadas:

  • Tafsir Nemuneh (La mujer en la interpretación Ejemplar)
  • Sitio oficial Khamenei.ir: «Un vistazo a la personalidad y los derechos de las mujeres en el Islam y otras naciones»
  • Los derechos de la mujer en el Islam, Ayatolá Morteza Motahhari

por: Davoud Raisian

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